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Casa de la Cultura




Dirección: Av. Morelos Norte 485

Teléfono: 313-1268 y 313-2141

 

 

Descripción

 

Los frailes de la orden de Nuestra Señora del Carmen Descalzo llegaron a Valladolid (hoy Morelia), en el año de 1593 y se instalaron en una pequeña ermita de adobe dedicada a la Virgen de la Soledad. Esta se ubicaba al norte de la catedral, lugar en que ahora se encuentra el ex- convento carmelita.

De inmediato iniciaron la construcción de su templo de planta de cruz latina y buenas dimensiones, contando con la venia de las autoridades civiles y eclesiásticas, el apoyo económico de los españoles vallisoletanos y la mano de obra indígena. En la dirección participaron los prestigiados arquitectos de la familia Chavinda y el maestro Alonso del Arco. Muy probablemente fue terminado en 1619, fecha grabada en la portada sur del mismo. Se prosiguió entonces con la construcción de un convento definitivo que supliera las habitaciones provisiona.

Las obras del claustro se iniciaron en los años treinta del siglo XVII y, al parecer, en la planeación intervino fray Andrés de San Miguel, arquitecto andaluz autor de varios de los conventos carmelitas y creador de la escuela estilística del Carmen Descalzo en la Nueva España. El pequeño pero bellísimo claustro se levantó al lado norte de la nave del templo, en una sola planta, de acuerdo a las constituciones de la orden. Cuenta con esbeltos pilares moldurados que dan origen a la formación de tres arcos por cada uno de sus cuatro lados. les con que contaban hasta entonces los monjes y en donde funcionaba ya un colegio de teología para los religiosos.
El proyecto, como en la mayoría de los conventos novohispanos, contaba en planta baja con la iglesia y sus dependencias- sacristía, capilla y camarín-, además de las áreas administrativa y las comunes de servicio como refectorio, cocina, despensa, bodega y habitaciones para los criados. A un costado de la puerta principal, entrando por el atrio de frente al poniente, estaba el portal de peregrinos. El acceso para los sirvientes se encontraba al oriente de la construcción, que era la parte trasera en aquel tiempo y está ahora convertida en la entrada principal del edificio. En el segundo nivel se levantaron las celdas o habitaciones de los frailes, alrededor del enorme patio de forma irregular al noroeste el conjunto, así como el resto de las áreas privadas y la biblioteca.

Las obras se fueron realizando de acuerdo a las necesidades y el presupuesto del momento. Primero se hicieron las celdas de las alas sur y oeste y posteriormente las del norte y este. Para dar acceso a la segunda planta se desarrolló una monumental escalera de tres secciones, cubierta con bóveda de crucería, decorada con sencillas molduras y relieves del escudo de la orden del Carmen, el cual se repite constantemente en todo el edificio. Este consiste en una cruz sobre el monte Carmelo, y tres estrellas que simbolizan las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. El gran atrio del frente de la iglesia fungía a la vez como cementerio y hacia el norte se extendía la huerta, con una ermita que servía a los monjes para retirarse en privado a la oración.

Según las descripciones de la época, a mediados del siglo XVII el convento era una de las mejores construcciones de la ciudad, sin embargo, seguía en construcción. En 1659 el capitán Jerónimo de Salceda mandó hacer la capilla funeraria para él y su familia, prolongando el brazo sur de la cruz latina del templo. Los trabajos se encomendaron al maestro mayor de arquitectura Vicente Barroso de la Escayola, quien más tarde proyectara y realizara las obras de la catedral. Así mismo, varios personajes distinguidos de la ciudad, hacendados, comerciantes o clérigos pidieron ser enterrados en las criptas que se encuentra aún bajo la iglesia.
En 1735, los muros del tempo se reforzaron para recibir las bóvedas y la cúpula del crucero que suplieron a la vieja techumbre de madera. Con esto se clausuró definitivamente la puerta lateral. Se amplió también la capilla y se le anexó el camarín de la virgen con su cupulita. Poco más de cien años después, el templo fue remodelado bajo el priorato de fray Manuel del Corazón de Jesús, quien adaptó a la moda neoclásica los barrocos altares y retablos. Se alargó el presbiterio y se construyó el camarín de la iglesia, el cual se cubrió con sobria cúpula enladrillada.

Aunque los carmelitas llegaron en pobres condiciones a Valladolid, con el tiempo se hicieron de buen capital y propiedades. Además de contar con los productos de su huerta, tuvieron muchos benefactores que les hicieron donativos, legaron herencias y fundaron capellanías. A cambio de ello los frailes administraban los sacramentos y encomendaban a Dios el alma de sus feligreses. En el caso de los indígenas, éstos correspondían con trabajo.

La comunidad carmelita tenía organizadas sus actividades de las 5:30 a las 21:00 horas; para pasar de una a otra de éstas se tocaba una campana. Gran parte de su tiempo lo dedicaban a la oración, lectura y cantos religiosos. El silencio, la meditación y el castigo corporal eran prácticas constantes. Además de las actividades religiosas, este convento ha sido testigo de otros hechos importantes, muchos de ellos históricos. En él estuvieron presos los miembros de la conspiración de Valladolid de 1809. También se sostuvieron reuniones literarias organizadas por el prior fray Benito de Santa Teresa con distinguidos michoacanos, como Rafael Carrillo y Justo Mendoza.
Con las leyes de Reforma los monjes fueron exclaustrados; la propiedad secularizada pasó a manos de particulares –excepto el templo- y por un tiempo estuvo abandonada. En 1883 fue convertida en sede del Primer Cuerpo de Caballería del Estado. La huerta y parte del atrio fueron fraccionados y al edificio se le adosaron construcciones de índole comercial.

A finales del siglo pasado, la iglesia fue sede del cabildo eclesiástico mientras se remodelaba la catedral. Posteriormente el anexo funcionó como seminario mayor y menor; y el templo fue reconocido por la Comisión de Monumentos y Bellezas Naturales, en su valor histórico, artístico y arquitectónico. No obstante, la falta de cuidado y mantenimiento causó estragos en el edificio. Este se vio afectado por humedades y en algunas partes se cubrió de plantas, desatención que continuó gran parte de este siglo. Ya en los años cuarenta, a espadaña o campanario que amenazaba con desplomarse, fue restaurada hábilmente por el ingeniero arquitecto Francisco Lemus, quien colocó los arcos botareles que bien podrían pasar por originales.

En 1977 se inauguró en estas instalaciones la Casa de la Cultura, tres años después se creó el Instituto Michoacano de Cultura y y a partir del 31 de marzo del 2004 es Secretaria de Cultura. Las pequeñas celdas de los frailes hacen ahora las veces de oficinas; el refectorio es un salón de conferencias, los espacios como camarín, biblioteca y las áreas que eran propias de los trabajadores, sirven de salones de exposición o de lectura, teatro, aulas de clase, librería y cafetería. La cocina conventual alberga al Sala de Patrimonio.

Absurdamente, el ex–convento fue utilizado sucesiva o simultáneamente como estacionamiento de carros de limpia, terminal de autotransportes foráneos y bodega de comerciantes hasta los años setenta. Entonces fue invadido por estudiantes que lo habitaron por más de un año, hasta que las autoridades estatales lo rescataron para llevar a cabo su restauración, efectuada entre 1974 y 1980. Las obras se encargaron al arquitecto Arturo Ramírez Bernal quien procuró devolver al edificio sus características originales.

El ex-convento carmelita es una de las construcciones más antiguas y valiosas de la ciudad. Su estilo es único, surgido de la España de la contrarreforma, que mezcla la sobriedad del herreriano con un mesurado barroco que trata de mostrar lo más fielmente posible los objetivos ascéticos de la orden y la mística religiosa de los reformadores del Carmelo. Pero a pesar de todo, la construcción es impactante y monumental, testimonio palpable de la sociedad colonial de Valladolid, capital de uno de los más grandes ricos e importantes obispados de la nueva España: Michoacán.


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